Consumir aceite de oliva virgen extra a diario tiene efectos beneficiosos para la salud.
 
Los beneficios del aceite de oliva virgen extra sobre el organismo son conocidos desde la antigüedad. Las actuales técnicas de análisis están descubriendo el por qué de esos beneficios conocidos desde antaño.
 
El 14 de Diciembre de 2012 entró en vigor el Reglamento Europeo 432/2012 de 16 de mayo  por el que se establece una lista de declaraciones autorizadas de propiedades saludables de los alimentos, relativas a la reducción del riesgo de enfermedad y al desarrollo y la salud de los niños. Un verdadero hito que trata de dar respuesta a una pregunta que con frecuencia nos planteamos: ¿qué hay de verdad cuando se publicitan supuestas virtudes saludables de los alimentos? Ahora tan sólo se podrán publicitar esas virtudes e indicarlas en el etiquetado si aparecen en el listado de alegaciones que recoge el citado reglamento. Propiedades que vienen respaldadas por sólidas evidencias científicas.  Todo alimento que esté fuera de la lista, no podrá hacer referencia a esas propiedades en sus comunicaciones comerciales.
 
No se recogen alimentos concretos (excepto en muy contados casos) y se centra tan sólo en los compuestos activos presentes en ellos.
 
En el caso de los aceites de oliva vírgenes. El Reglamento reconoce hasta tres alegaciones que se podrán utilizar en la comunicación comercial del producto, en atención a las virtudes saludables de tres elementos presentes en su composición:
 
  1. La sustitución de grasas saturadas por grasas insaturadas en la dieta contribuye a mantener niveles normales de colesterol sanguíneo. El ácido oleico es una grasa insaturada. Para interpretar bien esta alegación, lo que nos dice es que debemos sustituir las grasas saturadas por otras grasas insaturadas, por ello debemos consumir aceites de oliva que son ricos en ácido oleico, en lugar de otro tipo de aceites. Y dentro del aceite de oliva el que mayor contenido de ácido oleico tiene, es el aceite de oliva de la variedad picual. El consumo de aceite de oliva reduce drásticamente los niveles de colesterol que es uno de los principales factores de riesgo que conducen a la enfermedad cardiovascular.
  2. Los polifenoles del aceite de oliva contribuyen a la protección de los lípidos de la sangre frente al daño oxidativo. El aceite de oliva tiene gran cantidad de componentes minoritarios y de todos, los compuestos fenólicos son fundamentales pues protegen a la partícula LDL de la oxidación. Y esto hace que no se induzca el depósito de esta partícula de colesterol en nuestras arterias, deposito que provoca que se produzca la arteriosclerosis. El Reglamento aclara que los efectos beneficiosos se logran a partir de una dosis diaria de 20 gramos de aceite de oliva virgen. No obstante, establece que sólo los aceites de oliva que contengan un mínimo de 5 miligramos de polifenoles por cada 20 gramos pueden hacer uso de esta alegación. Es importante destacar que la variedad “picual” que es una de las más extendidas en el mundo, contiene más de 9 miligramos de estos antioxidantes naturales por cada 20 gramos.
  3. La vitamina E contribuye a la protección de las células frente al daño oxidativo. El aceite de oliva es una fuente natural de vitamina E, ya que es extraordinariamente rico en esta vitamina.  El aceite de oliva de la variedad “picual” contiene unos 30 mg por cada 100 ml de aceite de oliva, por encima de la Cantidad Diaria Recomendada (CDR) de esta vitamina, que está establecida en 10 mg. por 100 ml. El aceite de oliva por su alto contenido en vitamina E, por tanto protege del daño oxidativo a las células, protegiendo el deterioro del endotelio, todo lo que es la pared vascular.
El aceite de oliva representa uno de los pilares básicos de la “Dieta Mediterránea” y su presencia habitual en la alimentación garantiza un adecuado aporte de algunos nutrientes importantes. Los estudios realizados al respecto han demostrado la alta calidad nutricional, tanto cualitativa como cuantitativa, del perfil graso del aceite de oliva. De este modo, el consumo moderado de este aceite cubre holgadamente las recomendaciones de grasa monoinsaturada. Sin embargo, este no es el único aspecto destacable de su composición: la presencia de los componentes menores o secundarios proporcionan al aceite un importante valor nutricional y organoléptico. Hay que tener muy en cuenta que cuando decimos aceite de oliva hablamos de aceite de oliva virgen extra.
 
A lo largo de varias décadas equipos de investigadores de todo el mundo han ido desentrañando los efectos concretos sobre la salud y los mecanismos que los hacen posible. El modelo de alimentación mediterránea rico en aceite de oliva mejora el perfil lipoproteico, reduce las cifras de tensión arterial, reduce el fenómeno de inflamación vascular, mejora la disfunción de nuestras arterias y de nuestro endotelio, reduce la oxidación de las células, mejora parámetros de oxidación en general, mejora el riesgo de desarrollar diabetes y síndrome metabólico. Es decir, tiene un amplio abanico de efectos saludables.

Fuente: Revista ASAJA – Jaén  nº 376